LA HISTORIA DE DAVID

 

David es  considerado por los judíos como el más grande de los héroes de su larga y tortuosa historia. Y en la Iglesia “new-look” postconciliar, es sujeto favorito en los sermones de los pastores de la cristiana grey. Además su nombre ha estado siempre en el santoral romano. Todos conocen el episodio de la lucha del joven David contra el gigante Goliat, al que mató de una pedrada, ganando así una importante batalla de los hebreos contra los filisteos. Por lo menos, esto es lo que nos asegura la Biblia.

 

Nota: para los neoprotestantes donde casi todo es antiguo testamento; David es elevado a la categoría de líder moral.

 

La vida adulta de David parece estar continuamente preocupada con la obsesión de matar y hacer la guerra. En la mitología judía se abona en su haber la creación de Judea y de la nación judía. Las historias recogidas en la Biblia están llenas de matanzas y, especialmente, de genocidio racial, de los enemigos de Israel. El viejo testamento aprueba inequívocamente esas matanzas de tribus rivales, y David no parece ser diferente de otros muchos genocidas de su pueblo. En su condición moral –o mejor dicho inmoral— el santo Rey David no deja de ser un hombre sorprendente.

 

En Samuel (II, 11), podemos regordeanos con una historia que refleja la moralidad de David en su vida privada. David nos cuenta el santo profeta Samuel, se levantó una  noche  en que padecía insomnio, y salió a la terraza de palacio, y vio a una mujer que estaba bañando, y encontró muy hermosa. Aunque el libro no  nos lo especifica, nos imaginamos debería estar bañándose en una piscina, ala luz de la luna. Conviene ambientar poéticamente esas escenas, aunque en la cruel realidad se tratase de una obesa comadre sumergida en un barreño, lavándose los pies con un estropajo. En todo caso, a su Majestad David le pareció muy hermosa y no perdió el tiempo, inquiriendo la identidad de la dama. Se trataba de Betseba, la mujer de Uría, el hitita. De manera que David le mandó sus mensajeros “y la tomó, yaciendo con ella.”

 

Algún tiempo después, Betseba comunicó a David que estaba preñada. Esto preocupó a David porque el marido de su amante, Uría, llevaba varios meses ausente, haciendo la guerra por cuenta de David, de modo que no había manera de endorsarle el muerto (o, más exactamente el futuro bebe vivo) al intrépido guerrero extranjero que guerreaba por cuenta del judío, como un Montgomery cualquiera. Algo había pues, que hacer. Una idea vino pronto a la mente fértil de David. Mando a buscar a Uría con la excusa de que le informara personalmente de la marcha de las operaciones en campaña, y así, al pasar unos días en la casa, pudiera acostarse con Betseba, con lo cual el Rey eludiría las consecuencias de su adulterio. Empero surgió un imprevisto, Uría no fue  a casa de su mujer pues, siendo un modelo de dedicación y de lealtad a su “gran” monarca, acampó a la puerta de palacio, con sus sirvientes, y no se movió de allí.

 

Cuando David se enteró, mando a llamar a Uría y tuvo una amena charla con él. Le urgió a que fuera a su casa con su dulce y amante esposa, para reponerse del cansancio bélico. Pero no hubo nada que hacer. Uría se quedó con sus hombres junto a la puerta del palacio real. Entonces David inventó una treta. Invitó a Uría a comer con le y consiguió que éste se emborrachara como un cosaco, esperando que los ardores del alcohol dieran los suficientes tirones en la libido del general para que este se precipitará desaforadamente en el lecho del cónyuge. Uría feliz, poseedor de una turca como piano, se fue, efectivamente a dormir. Pero junto a sus sirvientes, en la puerta de palacio.

 

David entonces, recurrió a más drásticas medidas. Escribo una carta a Joab, que era el jefe supremo del ejército (el  Eisenhower de la época) El santo rey tuvo la audacia de entregar al carta al propio Uría para que  este se la trasmitiera  a Joab. Uría no sabemos si por leal discreción o por que era analfabeta, no leyó la carta; con lo que debía contar David, pues en esa epístola se ordenaba a Joab que pusiera a Uría al frente de las tropas, en el lugar más expuesto de los combates, de manera que fuera seguro que muriera en la acción: en acción bélica se entiende, pues de las otras acciones evidentemente no quería saber nada ese general tozudo. Joab, pues, cumplió las instrucciones de  David a los pies de la letra: colocó a Uría en la zona suicida de la batalla, y este al fin, murió. Con lo cual se terminaron los problemas de ese monarca juicioso, al que los judíos consideran su Héroe nacional y su estrella (la estrella de David) es su emblema. La parte triste de esta sórdida historia es que muchos cristianos consideran (por algo lo dice el libro que es “palabra de Dios”) un grande y maravilloso servidor de Dios.

 

Hay más capítulos sorprendentes-un integrista los llamaría reprensibles—en la historia de David, y uno de ellos se refiere a su inmediata descendencia. Parece ser que David tuvo muchas esposas y muchos hijos. Uno de  los hijos se llamaba Amnón y otro Absalón. Amnón tenía una hermana llamada Tamar. Amnón se enamoró de su hermana, que según, parece era virgen. El estaba decidido atener relaciones sexuales con ella, y le hizo una proposición a tal fin. Como ella rehusara, la secuestro y viola. Esto llegó a los oídos de Absalón, que tenía por su media hermana un afecto más fraternal que el que le profesaba Amnón, y, tas sostener con él una violenta disputa, lo mató Y así termina otro formativo capitulo de la vida normal del Pueblo Elegido según se nos describe en la Biblia.

 

Pero la historia continúa, en la sagrada Biblia, y hay más traiciones entre David y Absalón.

 

Después de haber asesinado a su hermano, Absalón huyó del país. Pero David profesaba un especial afecto a Absalón, que era su hijo favorito, y le mandó mensajeros invitándole a volver a Jerusalén.

 

Absalón codiciaba desde hacia tiempo el trono de David, y aunque suponía que iba a heredar la corona, veía  como los años pasaban sin que el viejo carcamán de su papá acabara, de una vez, de largarse al paraíso de Jehová. De manera  que empezó a  conspirar contra su padre y tras  muchas maniobras, consiguió reunir un ejército privado y puso en fuga a David y a sus seguidores ocupando Jerusalén. Pero mas tarde, Joab, que era general de David, derrotó a Absalón que se dio a la fuga, enredándose su larguísima cabellera en un roble, de donde quedó colgado en  poco airosa posición. Joab, queriendo hacer méritos, atravesó el corazón del hijo rebelde con tres dardos. Y así termina  la historia de Absalón. David su papá se consoló con sus esposas y concubinas.

 

Que los cristianos post conciliares que me leyeren recuerden que ésta es la historia —¡es palabra de Dios!— de la casa Real de David, el gran rey de los judíos, puesto como ejemplo por muchos clérigos despistados en la actualidad.

 

Coriolano.

 

CEDADE No 141, Mayo 1986