EDITORIAL
Cinco años del gobierno de Vicente Fox han bastado y sobrado para ver el verdadero rostro de las ultraderechas que le acompañan: su rostro es el mismo al de aquéllos a quienes decían oponerse y con los que ahora cogobiernan, como en la obra de Orwell en la que cerdos y hombres se confunden y ya no puede distinguirse a unos de otros. Un rostro asqueroso.
Mientras sus discursos están saturados de la palabra democracia, congruentemente en los hechos su única ideología es el dinero y sus valores no son otros que los de la bolsa. Carentes de cualquier idea o proyecto nacional que los revele como estadistas y sin una sola obra cultural o artística por la que quisiesen ser recordadas en la posteridad, las ultraderechas en el poder se han dedicado a preservar un equilibrio en "las variables macroeconómicas" y en las finanzas públicas para el máximo beneficio de grandes empresarios, banqueros y financieros.
Los valores religiosos que tanto han enarbolado sólo han sido la piel de oveja para proteger a los corruptos del pasado y actuar como ellos. Ni un solo intento de senear la moral pública se ha hecho; ni de reformar libros de texto y programas de estudio para inbuirles un contenido medianamente humanista; ni el menor esfuerzo por exponer otras versiones de la historia distintas a la impuesta antaño; ni la promoción de un solo medio de comunicación que represente una alternativa a tanta basura que siguien financiando con publicidad oficial, premios, becas y salarios; ni la menor amenaza a la delincuencia organizada que contrabandea mercancía que ha arruinado a los pequeños y medianos productores nacionales.
Una vez que han llenado sus arcas a tope y consumados sus negocios para obtener ganancias durante muchos años, se preparan a ceder el poder a sus ¿antagonistas? de izquierda, para volver a la cómoda posición opositora, desde la que les encanta mostrarse como la Inmaculada Concepción.
Extinta la amenaza del comunismo, la justicia social no es para ellos otra que la de las limosnas deducibles de impuestos, los teletones lacrmógenos y el ensalzamiento de las desgracias como una condición humana admirable y por Dios amada .
¿Acaso ocurre esto también en otros países?