KONRAD LORENZ

 

(Viena, 1903-Altenburg, Austria, 1989)

 

 

Zoólogo austriaco. Cuando terminó sus estudios en la escuela secundaria, y siguiendo los deseos de su padre, se trasladó a Estados Unidos para seguir dos cursos semestrales de medicina en la Universidad de Columbia (Nueva York), tras lo cual regresó a Viena para completar sus estudios. En 1928 se graduó en medicina y en 1933, en zoología. En 1939 fundó con N. Tinbergen la escuela etológica del comportamiento animal, que mantuvo fuertes discrepancias con la escuela estadounidense de psicólogos experimentales. Los estadounidenses estudiaban los animales en el laboratorio y los europeos preferían observarlos en su hábitat natural. En 1935, al estudiar las pautas de aprendizaje de los polluelos de ganso y de pato, descubrió una etapa crítica en la que aprenden a reconocer y a seguir a los padres, incluso si éstos son adoptivos, siempre que en ellos estuviesen presentes los estímulos auditivos o visuales, la impronta, que provoca la reacción de los jóvenes. De 1940 a 1942 ejerció como profesor y jefe de departamento en la Universidad de Königsberg. Prisionero de guerra del ejército soviético, fue devuelto a Austria en 1948. Pasó entonces a dirigir el Instituto de Etología Comparada de Altenberg. De 1961 a 1973 dirigió el Instituto Max Planck de Fisiología en Seewiesen. En 1973 compartió el Premio Nobel de Medicina con K. von Frisch y N. Tinbergen. Las ideas de Lorenz significaron un adelanto en el conocimiento del comportamiento animal y de su papel en el proceso de adaptación y supervivencia de la especie. Al final de su carrera intentó aplicar sus ideas a la conducta de los humanos como miembros de especies sociales, una aplicación cargada de controvertidas implicaciones filosóficas y sociológicas.

http://www.biografiasyvidas.com/biografia/l/lorenz.htm

 

 

 

KONRAD LORENZ

 

 

Durante siglos, al abrigo de la ignorancia total sobre la genética, se creyeron toda una serie de leyendas sobre el porque de la conducta humana, toda una retahíla de mentiras, supersticiones y utopías para explicar nuestras  inclinaciones, reacciones, respuestas ante la educación, etc.

 

Durante siglos, la única “explicación” fue considerar la conducta humana producto de la voluntad de Dios y las tentaciones del mal, siendo pues todos  los hombres iguales ante la ley de Dios y libres de tomar cualquier determinación.

 

Todo lo explicaba la religión pues la ciencia sobre el hombre no se había ni siquiera esbozado.

 

Al establecerse durante el siglo XIX la crisis total de la religión como fuente de la explicación del mundo, como su centro, al caer la escolástica y la teología en el más total descrédito, la explicación de la conducta humana buscó una dirección científica, pero la ciencia del siglo XIX, e incluso la de los primeros  decenios del XX, no contaba aún con la genética ni con la bioquímica, por tanto no podía contestar a sus preguntas.

 

Así pues las explicaciones se tuvieron que buscar otra vez en la religión de la época, en la democracia, roussoniana, en el ambientalismo. De ahí que El Emilio  se convierta en el centro de las explicaciones sobre educación y conducta: el hombre nace en blanco, sin nada inherente, es la sociedad, la educación, lo que lo modela al “buen salvaje”.

 

Estas explicaciones no eran producto de una experimentación científica sino de extrapolar los principios filosóficos de la zoología humana.

 

Con ello se inicia la gran época del ambientalismo. Todo es la sociedad y el ambiente, nada hay heredado o congénito.

 

La Ciencia de primeros de este siglo sigue ignorando los principios básicos para poder cambiar esta visión “religiosa” del hombre (tomando religiosa en el sentido de extranatural), pero ya disponía de medios como para intentar encontrar alguna base “científica” a este “ambientalismo” de origen filosófico que se había adueñado de la opinión pública en materia de comportamiento humano.

 

Las teorías de Pavlov sobre los reflejos condicionados fueron una puerta abierta a estas “demostraciones”. Pavlov empezó  a estudiar (y en este aspecto  hay que considerarlo pionero de gran mérito) el comportamiento de los animales y llegó a la conclusión de que todo  era dirigido por los reflejos condicionados, por actitudes APRENDIDAS a base de  del ensayo “premio –castigo”. Por supuesto ignoraba las leyes y la existencia misma de la genética y los mecanismos de la herencia cromosomática.

 

Freíd y los  psicoanalistas seguirán una línea pareja: El subconsciente y el conciente eran entes “puros”, separados de la fisiología cerebral, que actuaban y se desenvolvían según eran condicionados por el medio (por la sexualidad y la idea de la muerte según Freud. Seguían pues la “igualdad” natural a salvo.

 

Los zoólogos de esos años no estudiaban aún el comportamiento animal sino que estaban centrados en la clasificación de las especies; estaban en la anatomía zoológica.

 

El sistema de Pavlov tuvo su explosión en USA con el establecimiento de la  teoría behaviourist   del comportamiento) que fuel como el evangelio de los educadores  y teóricos del comportamiento humano al que se considera como una continua selección de comportamientos “útiles” mediante la serie de “ensayo y error-corrección-error…”

 

Así pues todo lo sabemos o lo hacemos por medio del aprendizaje. La educación lo es todo. Watson  negó la herencia psicológica y el mismo instinto: Niego la herencia de aptitudes, del talento, del temperamento, de la constitución mental. Todo depende del aprendizaje. Esta barbaridad científica, aún ahora que  se ha comprobado su falsedad, sigue siendo el centro de la “filosofía” marxista y capitalista.

 

Pero en los años 30 empieza el cambio, se empiezan a entrever las verdades  genéticas, la ciencia empieza a comprender la influencia de la herencia y sus mecanismos.

 

Los zoólogos comienzan a estudiar el comportamiento de los animales, sus costumbres, más que su mera anatomía, y en  especial sus “instintos2, Lorenz fue uno de ellos. Ya entonces exclamó: Es  preciso no conocer en nada el comportamiento de los animales para intentar explicarlo como  conjunto de reflejos condicionados”

 

De los años  34 a los 39 Lorenz  fundamenta básicamente la Etologìa, la Genética y los instintos provocados por la herencia. Destruyen totalmente las bases creadas por la filosofía igualitarista. El instinto es ya un hecho explicado  en sus  bases. La rotura entre la verdad científica y la utopía igualitaria es total.

 

Incluso cuando la genética empezaba  a conocerse, en la URSS staliniana se lanzaron como verdad “científica” (después se ha demostrado que se falsearon pruebas y experimentos) las teorías de Lissenko que pretendía demostrar la heredabilidad de las aptitudes aprendidas. O sea, exagerando, que si yo estudio música, mi hijo sabrá intuitivamente algo más de música. Era el último intento de compaginar la herencia recién demostrada con el “ambientalismo marxista”. Con Lissenko, el marxismo intento decir que si un utópico estado comunista igualitario establecía una educación “pacifista” e “igualitaria”se llegaría por medio de la heredabilidad de esos caracteres aprendidos a la igualdad de todos los hombres en su herencia.

 

Evidentemente la genética demostró  más tarde que la herencia depende de factores bioquímicos “inalterables” por lo “aprendido” y modificables sólo por  “mutaciones” al azar, o últimamente por la manipulación de las moléculas DNA de los cromosomas (curiosamente estos primeros “pinitos” en la manipulación del cromosoma con equipos nucleares si pueden hacer pensar en una manipulación de la herencia, aunque hoy día sea cosa de mera ciencia ficción).

 

Pero si la ciencia genética ya no tiene competidor, la política igualitarista (especialmente tras 1945) impide que las verdades científicas naturales sobre la herencia-genética se lleven al campo práctico, a la vida misma, ala orientación educativa, ecológica, sanitaria.

 

Los imperativos igualitaristas claramente anticientíficos siguen mandando en la sociología.

 

Konrad Lorenz demostró que los reflejos condicionados están determinados genéticamente, no en el acto mismo, sino en la aptitud para el acto. El estudio de los instintos será el centro de los trabajos de Lorenz.

 

En 1973 se le concede el premio Nobel de Medicina junto a otros dos etólogos… La ONU organizó en Mónaco un Congreso sobre “agresividad e instinto” (1982) contra Lorenz bajo el lema “todo es posible con una educación pacifista”. Desde entonces Lorenz fue marcado, aislado, atacado y Finalmente ninguneado (cursivas de UR)

 

Lorenz inició la colaboración en artículo y revistas ecológicas, y en especial con el grupo “Nueva Derecha” que brillantemente dirige Alain de Benoist, quien dedicó uno de sus números de la revista “Nouvelle Ecologe” a Lorenz.