Siervo de su amado Abraham
Para el nacionalsocialismo, por definición, es irrelevante el liderazgo de cualquier asociación religiosa. Sin embargo, la reciente sucesión en el papado vaticano merece hacer algunos comentarios, porque Benedicto XVI es activo militante en la promoción del supremacismo judío y en su propaganda infamante contra el nacionalsocialismo y la mentira histórica holocáustica.
El 9 de junio, en un amistoso encuentro con los líderes del Congreso Mundial Judío, el pontífice romano aseguró "a los judíos del mundo" que la Iglesia católica mantendrá totalmente su cometido de combatir el antisemitismo y reflexionar más en las "implicaciones históricas, morales y teológicas del holocausto"
Mientras Woijtila se dedicaba al turismo y al lucimiento mediático del diálogo interreligioso con rabinos, y más tarde a exhibir su decrepitud, su eminencia gris, Ratzinger cambiaba la doctrina católica —conjuntamente con miembros de la Liga Antidifamatoria— para hacerla del agrado de los supremacistas judíos. Parte de su nefasta labor puede ennumerarse en los siguientes puntos:
1. Proclamación del catolicismo como una religión menor y subordinada al judaísmo. Al proclamar a los judíos como "hermanos mayores", así quedó institucionalizado. La religión católica dejó de ser tal para volverse plenamente judeocristiana, y sus fieles prosélitos de la puerta, aspirantes a judíos de tercera. Benedicto XVI confirma las raíces de su religión en Abraham y el pueblo judío. La época de los judíos como "deicidas" quedó sepultada bajo una nueva doctrina elaborada y custodiada por su prefecto y hoy pontífice. Lo que antes era doctrina hoy es proclamado como "error" y se pide perdón por ello. ¿Durante siglos estuvieron equivocados los teólogos que custoridaron la doctrina católica?
2. Falsificación de los textos bíblicos. Desde hace años las nuevas ediciones de la Biblia católica son más que reimpresiones y sus textos vienen "rasurados", con eufemismos o un lenguaje que le da un sentido distinto a como venía en ediciones de antaño. Esto tiene el propósito de modificar los textos al gusto o conveniencia de los supremacistas judíos. ¿Cuáles son entonces las fuentes de la "Revelación" —la Verdad— para la Congregación de la Doctrina de la Fe? ¿Dónde queda el fundamento? ¿Qué doctrina se enseña entonces con biblias tergiversadas? Durante el pontificado de JPII se condenó el uso de textos del Nuevo Testamento como un "pretexto" para enseñar y predicar el antisemitismo. ¿Y quién era el prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe?
3. Represión contra sacerdotes comprometidos con la verdad. La propaganda del sistema ha escandalizado mucho respecto a la marginación que se hizo a teólogos izquierdistoides como Boff y Kuhn, pero se ha dicho poco de la represión a sacerdotes críticos respecto a la dominación judía en sus países, por lo que fueron acusados de antisemitas y suspendidos por ello. Un ejemplo es el del sacerdote polaco Henry Jankowski. Este valeroso ministro fue separado de su congregación no por pederasta ni por faltar a sus deberes, sino por declaraciones como esta: "¿Por qué no debemos hablar de la administración judeocomunista que gobierna Polonia hoy? La razón es que ellos tienen bancos y cualquiera otra cosa en sus manos".
4. Inventar el pecado del antisemitismo. Durante el pontificado de JPII se complació a los supremacistas judíos al proclamar como "pecado" el antisemitismo. El problema —sin entrar en discusiones teológicas— es el de quién define lo que es el antisemitismo. Como sabemos, son los supremacistas judíos los que definen el antisemitismo, al consider así a todo aquello que se opone o denuncia sus espurios intereses, tales como el revisionismo histórico. En efecto, los supremacistas judíos incluyen como una forma de antisemitismo lo que ellos llaman "negacionismo", de modo que dudar del holocausto es también un pecado. ¿Y quién era el prefecto de la Congregación de la Doctrina de la Fe que avala semejante tontería?
5. Reconocimiento del "holocausto" o "shoa" como un hecho histórico. En un documento de su autoría cuando era Cardenal, en diciembre de 2000, titulado, Reflexiones de Navidad, Ratizinger dijo que la "shoa" fue perpetrada en el nombre de una "ideología anticristiana". A ello hay que agregar que hubo un par de canonizaciones de "víctimas del holocausto", lo cual desagradó a los propios supremacistas judíos, quienes consideraron innecesario canonizar a una "martir" judía cuando también los hubo católicos. En su esfuerzo por agradar a los supremacistas judíos, se les ha pasado la mano. Si no les ponen un alto van a canonizar también a Ana Frank y hacer de su "diario" otro evangelio.
6. Repudiar la historia "antisemita" de la Iglesia. La nueva "inquisición" arroja al fuego de lo políticamente correcto a todos los inquisidores de la historia de la Iglesia. Incluso pide perdón por no haber condenado el "holocausto". ¿Y cómo iban a hacerlo los ministrso de la época si todavía no lo inventaban?
7. Protección institucional a pederastas y sus encubridores. ¿No merecían la excomunión todos los ministros de culto que cometieron y comentan pederastia? En lugar de ello fueron protegidos por la curia vaticana. Mientras se convocaba al conclave que nombraría a Ratzinger nuevo papa, uno de ellos oficiaba misa en la Basílica de San Pedro. Y allí sigue. ¿Qué puede esperarse de un papa rodeado de gente así? No es mejor que ellos. La prensa ha exagerado mucho diciendo que es un ultraconservador. Pues eso es discutible. Lo que es evidente es que a los supremacistas judíos no les incumbe con quien tengan relaciones sexuales los ministros de culto católicos —sea con niños, entre ellos, con esposas suyas o de otros o con cualquiera otra gentil—, puesto que les interesan asuntos como la condena al antisemitismo y que se proclame la veracidad histórica y culposa del holocausto. Eso lo hace muy bien Ratzinger.
En suma, con toda razón los miembros del Consejo Mundial Judío se refirieron a Benedicto XVI como "un amigo" que en sus anteriores cargos en el Vaticano supo valorar la importancia de "mantener cercanos contactos con la fe y las personas judías". Por eso el pontífice y su colegio cardenalicio se comportan como fieles promotores de los intereses supremacistas judíos. Hoy por hoy la Iglesia católica es una institución más al servicio de ellos.
